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Mi camino de dolor, revelación y sanidad

por Ernesto Santiago Pagán


El comienzo de la búsqueda

Este es mi testimonio de salud y pérdida de peso. Mi historia no comenzó con un cambio físico, sino con una señal silenciosa dentro de mi cuerpo: enzimas hepáticas elevadas, confusión médica, pérdida de peso extrema y síntomas que me llevaron a una crisis que casi me destruye. Durante años viví con dolores neurológicos, ansiedad y episodios similares a ataques de pánico. Pasé por médicos y estudios, hasta que finalmente una neuróloga descubrió que tenía deficiencias severas de vitamina B12 y D3. Con las inyecciones mejoré, pero no del todo.

Con el tiempo comencé a aumentar de peso sin notarlo. Mis enzimas hepáticas subían y bajaban sin explicación.

Un día, al pesarme, dije:

“Esto lo puedo controlar cambiando mi alimentación.”

Ahí comenzó mi búsqueda.
Pero no estaba solo.
Mi esposa, Sandy, también estaba viviendo su propio proceso—luchando con su salud, con su energía, con su cuerpo. Lo que yo estaba enfrentando en mi interior, ella lo estaba enfrentando en el suyo.
Sin darnos cuenta todavía, Dios ya estaba comenzando a transformarnos a los dos.

Sin saberlo, Dios estaba comenzando a enseñarnos.


Cuando la ciencia se contradice

Cambiando mi alimentación bajé de peso rápidamente y, en apariencia, me estaba recuperando. Pero mis análisis médicos contaban otra historia:

  • Un sonograma mostraba hígado graso.
  • Otro, hecho en otro centro, decía que no.
  • Mis enzimas hepáticas se dispararon: una llegó a 307 y otra a 107.

Ante eso, comenzaron a realizarme estudios más profundos para entender qué estaba pasando. Estos son algunos de los estudios y pruebas:

  • Fibroscan: resultado hígado en etapa 1, prácticamente sano.
  • CT Scan abdominal con contraste: sin daño estructural, hígado y órganos internos “normales”.
  • Laboratorios virales completos: hepatitis A, B, C — todos negativos.
  • Panel autoinmune: ANA, ASMA, AMA — todos dentro de rango.
  • Prueba metabólica y genética: para descartar hemocromatosis, enfermedad de Wilson y trastornos enzimáticos — todo negativo.

Los estudios no coincidían entre sí, ni con mis síntomas.
Los médicos estaban desconcertados, y yo también.
El siguiente paso era una biopsia de hígado. Aunque es un procedimiento común, no deja de tener riesgos. Y fue precisamente mientras esperaba ese estudio, que ocurrió algo que cambió el rumbo de todo.


Cuando el cuerpo no puede

Los dolores se intensificaron. Mi sistema nervioso comenzó a colapsar. Comer empeoraba todo.

Y entonces ocurrió el primer episodio.

Después de una comida, sentí cómo mi cuerpo se apagaba lentamente.
No era ansiedad ni miedo. Era físico.

Le dije a mi esposa:

“Bebé… me voy.”

Sentí como si la vida se me fuera, pero en medio de eso me cubrió una paz profunda.
Fue Cristo sosteniéndome cuando mi fuerza ya no podía sostenerme a mí mismo.

Y Sandy estaba ahí, sosteniendo lo que yo no podía sostener.


Cuando el alma clama

Pasaron los días y la debilidad continuó.

Segundo episodio.
Había ido a alimentar a mis gallinas. Al terminar, simplemente me derrumbé en el suelo.
Sin fuerza física. Sin recursos internos.

Ahí no hubo palabras bonitas.
Solo verdad desnuda delante de Dios:

“Señor… ya no puedo más.
Siempre he sido fuerte, pero ahora no tengo fuerzas.
Si tú no me ayudas, yo no voy a poder.”

Y mientras yo clamaba, Sandy también estaba luchando.
Ella estaba cargando el peso invisible:
mi dolor, su dolor, nuestra casa, nuestras hijas, y la esperanza.

No pedí un milagro dramático.
Le pedí resistencia.

Y Él me escuchó.


La revelación

Días después, mientras veía un video médico, escuché algo sencillo:

“Cuando las personas rebajan, los metales pesados almacenados pueden liberarse a la sangre.”

No decía síntomas.
No decía enfermedades.

Pero algo se encendió dentro de mí.

Dios me estaba revelando lo que los médicos no podían ver.

Pedí una prueba de metales pesados a mi medico de cabecera y los resultados fueron inesperados:

  • Mercurio: elevado
  • Arsénico: al borde del límite

La raíz estaba ahí.
No en el hígado.
No en la genética.
Estaba en lo que mi cuerpo estaba liberando.

Y fue entonces cuando todo tomó sentido.
La razón por la cual mis estudios no coincidían no era porque los médicos no sabían, sino porque mi cuerpo estaba liberando lo que había cargado por años: metales pesados, especialmente mercurio.

Pedí la prueba de metales pesados por dirección, no por casualidad.
Y cuando regresaron los resultados, la causa estaba ahí.

Por eso nunca tuve que hacerme la biopsia de hígado.
La revelación llegó antes del procedimiento.
Dios me mostró lo que la ciencia estaba buscando.


Cuando la fe ilumina el entendimiento

Aun así, mi cuerpo seguía sufriendo.

Comencé a tener arritmias.
Mi esposa, enfermera, lo confirmó al auscultarme.

En mi proceso de estudio y oración, descubrí que el medicamento Protonix, que yo tomaba para la gastritis, bloqueaba bombas de protones que no solo están en el estómago — también en el corazón.

Ahí entendí.

El medicamento que debía ayudarme estaba interfiriendo con mi equilibrio eléctrico.

Tuve que elegir:

“O sufro acidez o sufro arritmia.
Y si tengo que escoger, prefiero la acidez.”

El principio de la sanación

Dejé el Protonix.

  • Las arritmias comenzaron a disminuir.
  • Primero una vez al día.
  • Luego una vez cada tres días.
  • Hasta desaparecer por completo.

Después de eso, fui al cardiólogo:

  • EKG: normal
  • Ecografía de carótida: normal
  • Holter 24 horas: corazón sano

Los estudios confirmaron lo que Dios ya había revelado.

La ciencia no contradecía la fe.
Solo la estaba alcanzando.


Volver al diseño

Hoy sé que Dios no me abandonó en el dolor.
Dios estaba sanando dos vidas al mismo tiempo.
La mía y la de mi esposa.
Nos enseñó a entender nuestro cuerpo.
Nos enseñó a escucharlo.
Nos enseñó que la sanidad es un camino, no un instante.

Mis enzimas hepáticas volvieron a la normalidad.
Los dolores han disminuido.
Y aunque no todos los días son fáciles:

Cristo ha sido suficiente.

De nuestro dolor nació una comprensión.
De nuestra búsqueda nació una misión.
De nuestra sanación nació Tu Cuerpo, Tu Camino.

No venimos a imponer.
No venimos a impresionar.
Venimos a guiar.
A acompañar.
A mostrar la verdad que Dios nos mostró:

El cuerpo tiene un diseño.
Y Dios no se equivoca al diseñar.


“Yo soy el camino, la verdad y la vida.”

Juan 14:6


💬 Si lo que acabas de leer resonó contigo, te invito a continuar este camino con nosotros.
La historia de mi esposa Sandy es distinta a la mía… pero igual de profunda, real y transformadora. Su proceso también encierra esperanza, fe, decisiones difíciles y un despertar que cambió su salud para siempre.

🔗 [Lee aquí el testimonio completo de Sandy]